Ruta 1: De Toledo a San Clemente, por el
Toboso y Belmonte
Ruta de Don Quijote que comienza en la milenaria
ciudad de Toledo, capital de Castilla-La Mancha,
declarada por la UNESCO Patrimonio de la
Humanidad. En este primer tramo, el caminante
podrá descubrir los famosos molinos de viento,
las plazas mayores, los castillos y la variada
arquitectura popular, y comprobará la riqueza
medioambiental que aportan las lagunas a toda
esta zona.
El viajero, dejando atrás las estrechas y
empedradas calles del casco viejo toledano,
saldrá en busca de las huellas que dejaron por
estos mismos caminos, hace ahora 400 años, un
flaco jinete y su escudero.
Tras pasar Nambroca y el castillo de Almonacid
de Toledo, la ruta se bifurca en dos ramales, el
más norteño nos conduce a La Guardia y Lillo, en
cuyo entorno pueden visitarse varias lagunas,
como las de Longar y la del Altillo.
Si decidimos seguir el ramal sur, tras pasar por
Mascaraque, pronto encontraremos la silueta de
las ruinas del castillo de Peñas Negras en Mora,
vigilando el camino hasta Tembleque, donde
podremos detenernos a pasear por la Plaza Mayor,
una de las más hermosas de toda La Mancha, con
soportales sostenidos por columnas de granito y
corredores de madera al estilo del siglo XVII.
En Villacañas resulta singular la presencia de
los "silos", viviendas subterráneas, todavía en
uso.
Nuevamente aparecen dos ramales que, atravesando
Quero o el complejo lagunar de Alcázar de San
Juan, donde encuentra
cobijo la variada avifauna manchega, confluyen
en Campo de Criptana.
Los parajes de los alrededores hasta Mota del
Cuervo, se encuentran todavía cubiertos por las
siluetas de esos molinos centenarios que
necesitaron la fuerza del viento para vencer a
Don Quijote, y que les hicieron universalmente
conocidos.
Muy pronto, llegaremos a El Toboso, donde la
hermosa Dulcinea vivía ajena a la locura que
causaba su belleza y ahora es posible visitar en
el Museo Cervantino, las numerosas ediciones que
allí se exponen de El Quijote.
El viajero llega ahora a Belmonte, localidad que
conserva un extraordinario conjunto monumental,
con importantes edificios civiles y religiosos,
además de un impresionante recinto defensivo
compuesto por su castillo, murallas y puertas.
Tras visitar Belmonte, este trayecto termina en
San Clemente, famoso por su Plaza Mayor y
declarado Conjunto Histórico, por la
monumentalidad de sus iglesias, palacios y
casonas, que han sabido aguardar pacientemente
al caminante desde hace más de cuatro siglos.