Puerta de Bejanque
Hasta mediados del siglo XIX, Guadalajara
conservó las murallas medievales, las viejas
defensas contra las guerras y las epidemias. Los
restos de esas murallas pueden localizarse en
los barrancos del Coquín y del Alamín. De las
puertas sólo queda este lienzo en la plaza de
Bejanque, recientemente recuperado. Puede
fecharse en siglo XIV.
La plaza de Bejanque también se llama Olma.
Todavía conserva un viejísimo y alto olmo en su
centro, uno de los pocos que han sobrevivido en
Castilla al ataque de la grafiosis.
El Alcázar de Guadalajara
Durante mucho tiempo fue empleado como cuartel,
hasta su ruina reciente, en 1936. Del lado de la
travesía de Madrid, se aprecian claramente los
muros islámicos de tapial; por el lado del
barranco, la obra en piedra, posterior a la
reconquista de la ciudad en 1085. En la
actualidad es objeto de excavaciones
arqueológicas.
Torreón de Alvar Fáñez
El nombre de este torreón recuerda la leyenda de
la reconquista de Guadalajara por Alvar Fáñez de
Minaya en 1085. Es una torre pentagonal,
probablemente del siglo XIV, que defendía una de
las puertas de la ciudad, llamada también de la
Feria o del Cristo de la Feria. Su fachada
posterior es abierta, para evitar que el enemigo
pudiera hacerse fuerte en ella si la tomaba.
Torreón del Alamín
La torre y el puente del Alamín constituyen un
conjunto de especial interés. El Alamín es el
barrio extramuros que desde época medieval se
asienta al otro lado del barranco del mismo
nombre, en la parte este de la ciudad. A fines
del siglo XIII, el puente fue edificado, o
reedificado, por la infanta Isabel, señora de
Guadalajara, y su hermana Beatriz, con el fin de
facilitar el acceso al convento de San Bernardo,
que ellas mismas habían fundado al otro lado del
barranco. La torre, que defendía el puente, es
de planta cuadrada, de tres pisos cubiertos por
bóvedas de ladrillo.
La torre del Alamín alberga ahora una exposición
permanente sobre la ciudad medieval. Una maqueta
explica su emplazamiento defensivo, entre dos
barrancos, y su trama viaria, de calles
estrechas adaptadas a las curvas de nivel.