Palacio del Infantado
La historia del palacio del Infantado, de los
duques del Infantado, la casa principal de los
Mendoza, puede resumirse en cuatro actos: su
construcción, iniciada en 1480 y concluida a
fines del siglo XV, bajo la dirección de Juan
Guas; su reforma, por el quinto duque del
Infantado, entre 1570 y 1580, que introdujo los
elementos renacentistas; su ruina, a causa de un
incendio en 1936, y, finalmente, su restauración
en los años sesenta, lenta y discutible. Aun
hoy, transformado y mutilado, es un edificio
magnífico y sorprendente.
Los contrastes abundan en la fachada del
palacio: entre la traza gótica inicial y las
ventanas renacentistas; entre los vanos de la
galería superior y el gran muro de fortaleza del
cuerpo bajo, cuya solidez acentúan las cabezas
de los clavos de piedra; entre este muro
esquemático y la complicadísima portada, marco
sucesivo de los emblemas de la familia y del
constructor; finalmente, sobre la piedra ocre,
al caer la tarde, queda el contraste entre las
luces y las sombras.
No menos valor tiene el Patio de los Leones, en
el interior. Se compone de dos galerías,
formadas por arcos rebajados de tres centros: en
la inferior, predomina el motivo compuesto por
los leones enfrentados; en la superior, el de
los grifos, animales mitológicos. La galería
baja, inicialmente, estaba sostenida por
columnas helicoidales, como las del piso alto.
En 1571, esas columnas fueron sustituidas por
las actuales, de estilo dórico, al mismo tiempo
que se levantaba más de un metro todo el suelo
del patio.
La mayor parte de la decoración interior del
palacio ha desaparecido, destruida en el
incendio de 1936. Pueden visitarse todavía las
salas bajas, decoradas por el artista italiano
Rómulo Cincinato entre 1578 y 1580. Durante
muchos años el palacio ha sido sede de la
Biblioteca Provincial. El Archivo Histórico
Provincial y el Museo Provincial se encuentran
aquí.