La Historia de un pueblo es la memoria que de él se
tiene. Un pueblo sabe quien es porque tiene historia
y la memoria histórica es la recuperación de las
ilusiones y afanes de las gentes que lo habitaron y
que en un momento determinado vivieron su propia
historia. Por encima de fechas, hechos y personajes
más o menos notables la historia de un pueblo es la
de quienes hablaron y callaron, es su memoria.
Cuando el Infante Don Juan Manuel, sobrino del Rey
Alfonso X El Sabio, Señor de Villena y Alarcón,
recorre sus dominios y escribe en el año 1.325 el
“Libro de la Caza”, ya existía Villalgordo del
Marquesado como lo prueba el hecho de que se refiera
a la caza con halcones de las abundantes ánades que
existen en el arroyo que “nace cerca de Villalgordo”
y desemboca en el río Záncara, cerca del Molino
Blanco. Se refiere sin duda al que hoy conocemos
como arroyo de la Fuente Gimeno. La repoblación de
la zona tras la reconquista de Alarcón en el año
1.184 determinó la consolidación de nuestro pueblo
agrupado inicialmente alrededor de la “Iglesia
Vieja”. Los enterramientos excabados en piedra
hallados cerca del núcleo urbano, conocidos
tradicionalmente como “Sepulturas de Mahoma”,
pudieran corresponder a los siglos X-XI. A mediados
del Siglo XVIII se inicia la construcción de la
actual Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los
Remedios a Resguardo de los Cerros de la Mesa y de
la Cruz y en consecuencia el núcleo urbano se
desplaza en torno a la nueva iglesia como
corresponde a las características del municipio
medieval castellano.
Integrado en el inmenso territorio del
Marquesado de
Villena, nuestro pueblo conoció sin duda las
inclemencias de la Guerra Civil Castellana que se
desata en el año 1.474 por la sucesión al trono de
Castilla y en la que la alta nobleza feudal (entre
ellos el Marqués de Villena) pretende consolidar su
influencia frente al poder emergente de las ciudades
y la incipiente burguesía. El paraje denominado
“Cañada de la Batalla” recuerda alguna de las
escaramuzas guerreras entre pueblos vecinos que sin
embargo pertenecían a diferentes dueños, bien al
Marqués de Villena (pueblos de Señorío), bien a los
Reyes (pueblos de Realengo) y que como en tantas
ocasiones estuvieron condenados a enfrentarse en
guerras que no eran las suyas. La tierra era y
siguió siendo propiedad de la nobleza y de de la
Iglesia y solo a partir de finales del siglo XVIII,
con la reducción a labor de la Dehesa del Robledal
de propiedad municipal y su arrendamiento a los
vecinos, la inmensa mayoría de las familias
puedieron disponer por primera vez de una “longuera
de seis almudes” donde cultivar el trigo con que
elaborar el pan en el horno comunal. La emigración
del campo a la ciudad en busca de unas mejores
condiciones de vida que se produce en la segunda
mitad del siglo XX en toda España, afecta también a
Villalgordo del Marquesado que progresivamente va
perdiendo población ( en el año 1.950 había 516
habitantes) a la vez que se va incrementando el
nivel de vida y bienestar de sus habitantes.
Miles de años antes, los restos arqueológicos
encontrados en el territorio de Villalgordo del
Marquesado nos hablan de cómo diversas culturas y
pueblos se establecen en estas tierras. En “Cerrillo
Redondo” vivieron las gentes del Neolítico y la
Edad
del Bronce con sus hachas de piedra pulimentada y
sus toscos vestigios cerámicos.
Los Celtíberos y
Romanos en los poblados de “Los Villares”, “La
Venta” y “Camino Viejo”. El importante camino de
origen Romano, conocido como Vía que comunicaba las
ciudades romanas de Cartago Nova (actual Cartagena)
y Complutum (actual Alcalá de Henares), discurría
por nuestro término municipal (hoy sigue siendo el
Camino Real o Camino Murciano) y su influencia en el
proceso de romanización de la zona fue determinante
dado el incesante tránsito de personas y mercancías,
y así surgieron asentamiento humanos en los poblados
citados. En la zona de “Camino Viejo” aparece un
extraordinario complejo minero donde los Romanos
explotaron el Lapis Specularis- lo que nosotros
conocemos como “espejillo” que se extraía de las
profundidades de la tierra a través de una
intrincada red de galerías y pozos (todavía puede
verse alguno de más de siete metros de profundidad)
siendo transportado hasta el puerto de Cartagena por
el camino citado para su embarque directamente a
Roma. Sin duda esta actividad minera supuso un
elevado grado de desarrollo para la zona hace más de
dos mil años.
Esta es nuestra historia remota, importante sin duda
por que de sus tiempos procedemos y guardamos su
memoria; pero la verdadera Historia (con
mayúsculas), es la que todavía a principios del
siglo XXI, en un mes de junio del año 2006, vienen
escribiendo las gentes que sienten como algo suyo a
Villalgordo del Marquesado.