Se encuentra enclavado entre varias elevaciones del
paisaje, llamadas “alcores”. Estas elevaciones del
terreno o alcores dieron lugar al nombre de Arcos y
por su ubicación geográfica, más tarde añadió
Sierra.
Gracias a la lana, en el siglo XVII, alcanza
su mayor número de habitantes, ya que era ésta la
base de la economía nacional, al igual que la mina
de lignito allí explotada. En este momento
histórico, Arcos tenía 260 habitantes y de ellos el
cuarenta por ciento se dedicaba a la agricultura y
ganadería.
En el s. XVII, Arcos alcanzó su máxima
importancia histórica lo que hizo posible que
aumentase su población en gran manera y mejorase su
estructura urbana, compuesta por cincuenta casas de
buena calidad, casa Ayuntamiento, cárcel, iglesia
parroquial, dos ermitas, la de San Bartolomé y la de
San Sebastián, buen abastecimiento de aguas y una
escuela.
A lo largo del s. XIX, Arcos sufre un gran
descenso de su población, como consecuencia de la
posguerra y más tarde la emigración de los años 70.