Tomelloso, situada en el
corazón mismo de la tierra del Quijote,
es una ciudad moderna y activa,
completamente integrada en el cambiante mundo
actual y capaz de enfrentarse a los retos que
plantea la sociedad de hoy. Además, consciente
de su pasado y cultura, conserva todos los
valores y tradiciones que su
historia le aporta y se reconoce, cómo no puede
ser de otro modo, ciudad manchega.
Importantísimo centro de producción
vitivinícola, Tomelloso es la ciudad sede del
Instituto de la Vid y el Vino de
Castilla-La Mancha y de la Denominación
Específica “Melón de la Mancha”.
En el subsuelo de Tomelloso se cuentan alrededor
de 4.000 cuevas, estas
aparecieron ante las grandes necesidades de
almacenamiento del vino.
Interesante en Tomelloso: La
Plaza de España, la Iglesia de la Asunción,
la Ermita de San Francisco, el Museo Antonio
López, el Museo del Carro, el Museo Taurino
y el Museo Virgen de las Viñas y Recinto de
Pinilla, la Posada de los Portales.
HISTORIA
Tomelloso se comenzó a poblar en 1530 en
tierras baldías de la villa de Socuéllamos,
entorno a un viejo pozo utilizado por los
pastores de la zona para abrevar a sus ganados (el
pozo Tomilloso), y al lado de los restos de
un antiguo villar. Este pozo, además, se
encontraba situado en un cruce de caminos muy
ventajoso: en la confluencia de un ramal de la
Cañada Conquense con la vereda que se dirigía a
Alhambra, y muy próximo al Real Camino de
Carreteros que conducía a Valencia y Murcia.
Nace así Tomelloso como unas quinterías de labor
de vecinos de Socuéllamos para explotar esas
tierras baldías a las que pronto se unirían
nuevas quinterías de vecinos de villas cercanas.
El suelo donde ve su origen Tomelloso pertenecía
a la Orden Militar de Santiago y a su Encomienda
de Socuéllamos. Es por tanto Tomelloso desde su
nacimiento un lugar de señorío, dependiente de
una de las Órdenes Militares más importantes de
la península ibérica, a la que estaría adscrito
hasta la supresión de estas instituciones en el
siglo XIX.
En 1565 esos primeros pobladores, aumentados con
nuevos propietarios y con jornaleros atraídos
por la posibilidad de obtener trabajo, consiguen
facultad para poder tener ayuntamiento, alcaldes
y regidores, pero siempre bajo la autoridad de
la villa matriz a cuya jurisdicción Tomelloso
pertenecía desde su nacimiento, siendo, aldea
de Socuéllamos.
Pocos años después, en 1589, y previo pago de
una determinada cantidad de maravedís a la
Corona, Tomelloso va a conseguir su
independencia de Socuéllamos, haciéndose
villa de por sí y pudiendo gozar de la
jurisdicción civil y criminal en idénticas
condiciones que el resto de las villas de la
Orden de Santiago.
Socuéllamos, atento a las pérdidas que tal
independencia podría suponer en sus rentas, así
como al hecho de que una buena parte de su
término se había desgajado para ser dado a
Tomelloso como término municipal, apeló esta
concesión de independencia. Tras varias pujas y
un engorroso proceso judicial ante el Consejo de
Hacienda, Tomelloso pierde su independencia
en 1592, volviendo a depender de Socuéllamos
y de sus justicias, aunque conservando una
jurisdicción limitada para pleitos de poca
cuantía.
En esta situación de pedanía de Socuéllamos se
mantendrá Tomelloso hasta el siglo XVIII,
en que la pujanza de la población, el hecho de
haber sobrepasado en habitantes a su matriz y
los agravios a los que se veían sometidos sus
vecinos, motivó una nueva petición de exención
de villazgo, que le fue concedida finalmente en
1758. Ahora bien, diferencias en cuanto
al término adjudicado a la nueva villa, así como
al pago indemnizatorio a Socuéllamos, dilataron
la efectividad de esta independencia hasta 1769,
en que conciliadas las dos villas lograron un
acuerdo definitivo que puso fin a más de 200
años de dependencia de Tomelloso de Socuéllamos.
Durante el largo intervalo de tiempo que
transcurrió desde la pérdida de la primera
independencia hasta la consecución de su
definitiva exención, Tomelloso se va a
beneficiar del declive de Socuéllamos y
Argamasilla de Alba para aumentar su población.
Esto es así porque graves problemas de
inundaciones y mortandades acaecidas en
Socuéllamos durante el siglo XVII, así como la
marcha de familias importantes de la villa de
Argamasilla de Alba que habían impulsado su
inicial crecimiento, propiciaron que buena parte
de su población las abandonase recalando
bastantes de ellos en Tomelloso, a salvo tanto
de unos factores como de otros.
También durante el siglo XVIII va a
experimentar Tomelloso un cambio en su fuente
principal económica, vinculada desde su
nacimiento a la explotación cerealística de sus
tierras. Así, desde mitad de ese siglo se va a
empezar a introducir la vid entre sus cultivos,
si bien al principio de forma tímida, hasta
alcanzar su etapa de apogeo durante el último
cuarto del siglo XIX y primera mitad del XX, en
que se va a convertir prácticamente en un
monocultivo.
El detonante último de la enorme expansión del
cultivo de la vid en Tomelloso y en La
Mancha en general no fue otro que la muy
desastrosa plaga de filoxera que afectó a los
viñedos franceses en la segunda mitad del siglo
XIX, y que en cambio sí fue bien soportada por
las vides de La Mancha, con lo que la
subsiguiente necesidad de atender a un mercado
que se había quedado totalmente desabastecido
propició un considerable filón económico para
esta comarca.
La necesidad de nueva mano de obra para hacer
frente a la ingente cantidad de tierras
plantadas de vid en Tomelloso y pueblos
comarcanos, propiedad muchas de ellas de vecinos
de Tomelloso, hizo que importantes recursos
humanos recalaran nuevamente en esta población
desde finales del siglo XIX y durante todo el
primer tercio del siglo XX, superando Tomelloso
ya en la década de 1920 la cifra de 20.000
habitantes y consiguiendo, previa petición de su
ayuntamiento, el título de ciudad en 1927.
La enorme producción vínica, unida a las
pésimas vías de comunicación de la localidad,
propiciaron el desarrollo de gran número de
alcoholeras desde finales del siglo XIX hasta
mitad del siglo XX, las cuales mediante
destilación alcohólica reducían el volumen de la
producción vínica facilitando así su transporte
y comercialización. Estas alcoholeras, en un
primer momento propiedad de vecinos de Tomelloso
y más tarde de importantes empresas del sector
alcoholero nacional, llevaron a Tomelloso a ser
el primer productor de alcohol vínico del mundo
a mitad del siglo XX, posición que sigue
ocupando hoy en día.
A partir de la década de 1950, la crisis del
campo aparejada a su progresiva mecanización
mermaron la población de Tomelloso entorno a un
15% desde el máximo de 32.000 habitantes
censados en 1954. Y eso no obstante a la
puesta en funcionamiento del pantano de
Peñarroya en 1959, en la cabecera del Guadiana,
que propició que nuevos cultivos, hasta entonces
prácticamente vedados por el clima estepario de
la zona, fueran haciéndose un hueco cada vez más
importante dentro del monocultivo de la vid,
como fue el caso del melón, que acabaría dando
renombre a la población fuera de sus fronteras
comarcales.
A partir de finales de la década de los 80 del
siglo XX la pequeña y mediana industria
experimentan, fruto del carácter emprendedor de
sus vecinos, un auge notable, sobresaliendo
sobre las demás localidades de su alrededor,
pero siempre gravadas por la escasa o casi nula
implantación de servicios de las
administraciones públicas en la localidad, en
clara desventaja con respecto a otras
poblaciones de similar tamaño de La Mancha.
Por último, con la llegada del nuevo siglo,
Tomelloso vuelve a experimentar un nuevo aumento
de su población que le lleva a sobrepasar los
35.000 habitantes en pocos años. Esta vez el
aporte poblacional vendrá propiciado por la
inmigración, principalmente de países del Este
de Europa y de Latinoamérica, atraída por la
necesidad de mano de obra para las labores
agrícolas, la construcción y la hostelería.