En la parte norte de la población se hallan los monumentos de interés en torno a la Iglesia de la Asunción, de principios del siglo XVI. Junto a ella la Casa Consistorial y la Casa Palacio de don Antonio de Mendoza, edificio solariego construido en 1514. Destacan sus portadas de grandes dovelas con blasones en la clave.
A las afueras, el Santuario de Loreto, fechado en 1630, lugar de romerías.
Otros lugares de interés son la Plaza del Coloso y de la Constitución, la Casa de la Encomienda, la Casa de la Inquisición, el Ayuntamiento, la Plaza de Toros, el Museo de piedra “Fray Luis de León” y Centro de Arte “Carmen Arias".
En el límite de los términos municipales de Pedro Muñoz y Socuéllamos se encuentra el puente del Molino de la Torre, sobre el río Záncara. Consta de tres ojos centrales iguales y uno menor cegado. En su acceso y sobre él hay restos de calzada, aproximadamente de 5m de ancho. Antes existía un antiguo miliario de origen romano.
- Lugares de interés: La Iglesia de la Asunción, el Museo de piedra “Fray Luis de León” y el Centro de Arte “Carmen Arias".
Socuéllamos, Socollados, so aqua hallamos, el visigodo Sukolollamos, que todos pudo ser y no ser ninguno, el más olvidado, quizás porque lo más evidente y cercano se obvia.
El término municipal de Socuéllamos es uno más de los quince o veinte lugares habitados desde la prehistoria que ha permanecido y quizás permanece oculto debajo de los cimientos de las nuevas casas. La más remota ocupación aparece en los alrededores de La Acequia que bordea el pueblo. Entre los útiles encontrados están las puntas de hacha, tan toscos y grandes que podrían remontarse a una cronología más antigua (achelense).
Hay constancia de un pequeño asentamiento en la Edad del Bronce en Los Cebadales. Se encontró una lanza o punta de flecha en el Pozo de los Frailes.
La presencia Ibera y Romana es indiscutible, testimoniada por los restos encontrados en La Torre de Vejezate, Los Santos, El Bernardo y el Puente Romano.
HISTORIA
La continuidad de la población en época visigoda con restos de fragmentos de arenisca y la posibilidad de una basílica paleo cristiana en la ermita del Buen Parto. La herencia musulmana la vemos en las alquerías y pozos de noria.
Tras la reconquista cristiana, corresponde a la Orden Militar de Santiago repoblar esta comarca dentro del Priorato de Uclés. El sistema utilizado por esta institución inicialmente para atraer a los neopobladores es el de señorío a cuya cabeza se encuentra un caballero de la orden.
Así frente al Alfoz del importante Concejo de Alcaraz se establecen los anclaves de la Ossa, Villanueva de la Fuente, Alhambra y el Villarejo Rubio, este último a partir de los años 1235-1240 de la futura encomienda de Socuéllamos. El Villarejo Rubio fue entonces la primera cabeza de la comarca y Sancho Sánchez su primer señor.
Este asentamiento, que ya en esta época había perdido parte de su esplendor de épocas pretéritas romana e incluso musulmana, conservaba todavía una importante estratégica capital por su situación geográfica, al ser el último bastión defensivo de la Orden Militar frente a la jurisdicción alcaraceña primero y marquesado de Villena después, fundándose enfrente y al otro lado del río Córcoles otros, como el Villarejo denominado de San Nicolás, el futuro Villarrobledo. Su decadencia sobrevino con la permuta o trueque entre San Juan y Santiago en el año 1237, por el que Campo de Criptana, con su castillo, pasaron a manos santiaguistas y con ello este Villarejo, pasó a depender de esta Villa, con lo que perdió su independencia, según sostiene Bernabé de Chaves.
Esta situación se mantuvo brevemente hasta que en el año 1256, en que Alfonso X "El Sabio" mediante privilegio rodado concedió al cortijo y Torre de Abeyazat a Pedro Fernández, Comendador de Segura, y a la Orden de Santiago. Este enclave, situado a una legua del casco urbano de Socuéllamos, a orillas del río Záncara, anteriormente ocupado en el bronce, por íberos, romanos y musulmanes que le dieron el nombre de uno de sus caudillos ( Aben Zeyat ), se constituye en cabeza de la encomienda a finales del s. XIII, con lo que se consumó el primer traslado del centro neurálgico de la comarca.
El Villarejo Rubio, antiguo poblado ibérico, romano y posteriormente musulmán, sucumbió a las tensiones entre las jurisdiciones y después del acuerdo del año 1294, entre Santiago y Alcaraz, por el cual partían sus límites cruzando por medio de su pozo. En 1298 se ordenó por provisión real su traslado a Socuéllamos y por tanto su desaparición.
Apenas existen referencias durante los siglos XIV y gran parte del XV en que estos pagos se despueblan.
En 1468 se produce una revuelta popular, que es reprimida por las autoridades con fuertes multas. El entonces Comendador Don Lorenzo Mexía, decide gastárselo en vez de reparar la antigua torre musulmana, en su casa de Socuéllamos. Es el segundo y definitivo cambio de cabeza de la comarca, que desde entonces ( 1478 ) será gobernada desde la Casa-Encomienda que aún hoy sigue en pie como uno de los edificios más emblemáticos de la población.
A mediados del s. XVI se produjo un cambio climático conocido como la Pequeña Glaciación ( 1550-1850 ), con bajada generalizada de las temperaturas y aumento de la pluviosidad. Es el momento en que se produce el famoso hundimiento de las Lagunas de Ruidera, que se lleva por delante la Ermita más antigua de la población, mientras que en Socuéllamos esto supone, al estar situados al lado del río y sobre un acuífero muy somero, el que se produzcan frecuentes inundiaciones, epidemias y años sucesivos de sequía y carestía, provocando crisis en los años 1570, 1585 y durante todo el s. XVII.
Esta situación, unida a la crisis política provocada por los frecuentes pleitos con las villas vecinas y la independencia de su hasta entonces aldea Tomelloso, obtenida por primera vez en 1589, aunque pospuesta hasta el s. XVIII, y el endeudamiento endémico que esto conllevó a que en 1708 estuviera a punto de desaparecer, quedando a salvo por el traslado en bloque de toda la población a lugares más elevados y abandonando el antiguo emplazamiento. La recuperación fue evidente a partir del s. XIX, llegando a igualar en población a las Villas vecinas.
La guerra de la Independencia Española ( 1808-1814 ) también dejó su huella, los socuellaminos junto con los vecinos de la comarca, integraron el ejército del Centro y fueron derrotados el 13 de enero de 1809. Ésto posibilitó las visitas de diversas tropas del ejército francés a Socuéllamos para proveerse de víveres y otros menesteres, en el tiempo que duró la contienda, sin desarrollarse sucesos de gran importancia.




