Al final de Agosto, merece la
pena ver el Festival de Teatro Lazarillo,
al que acuden importantes compañías y que viene
celebrándose desde 1974.
Por un lado la celebración de La Feria y
Fiestas de Manzanares tienen lugar a
mediados del mes de Julio y durante las cuales
se realizan multitud de actividades y
diversiones. Podemos destacar las corridas de
toros, la concentración de motos antiguas, los
conciertos musicales y pruebas deportivas,
siendo de gran tradición las de atletismo. Estas
fiestas coinciden en el tiempo con la Feria
Regional del Campo y Muestras (FERCAM), una
de las Ferias Agrícolas más antiguas del País,
puesto que se viene celebrando desde 1960, y que
por su importancia y volumen comercial, se sitúa
en la cabeza de los encuentros agrarios más
importantes.
Las Fiestas Patronales, por su parte, se
celebran el día 14 de Septiembre.
La Semana Santa de carácter eminentemente
religioso con 7 importantes procesiones en las
que participan las 8 Cofradías y Hermandades
locales, donde destacan los pasos del escultor
gaditano Luis Ortega Bru. El desfile procesional
más llamativo es la Procesión del Silencio en la
madrugada del viernes, también es de destacar el
solemne Vía Crucis de Penitencia el Miércoles
Santo por la noche.
El Carnaval con su desfile de Carrozas y
Comparsas y sus pasacalles es uno de los más
vistosos y bulliciosos de la provincia. Arranca
el sábado con su presentación y concluye el
miércoles de ceniza con el popular entierro de
la sardina.
HISTORIA
El sacerdote Inocente Hervás
y Buendía ya escribió en el siglo XIX que en el
término de Manzanares existen al menos dos
puntos de posible poblamiento prehistórico, el
Pozo de la Raya cercano al del Ciervo y
las ruinas existentes en el camino de Membrilla.
A igual distancia de la villa manzanareña y de
Membrilla, se cree que se alzó Iyuzun, de
donde se sacó el 26 de octubre de 1841 un
pequeño ídolo de piedra de medio cuerpo;
asimismo es posible que corresponda a la época
anterromana el castillejo de La Mesnera.
De la posterior civilización romana hay
varios autores que destacan el paso de dos vías
por este término. Del mismo modo, las Cañadas
ganaderas, según recuerda el ilustrado
religioso, constituyeron el más importante medio
humano de comunicación, no sólo pecuario en la
Edad Media, y por las tierras donde hoy se erige
Manzanares se cruzaban entonces la Soriana y la
de Cuenca, lo que muy probablemente favoreció el
posterior poblamiento y su desarrollo
definitivo.
Existe también el Manzanares santiaguista,
primero, y el calatravo, después, por
amor de las nuevas fronteras que deparó la
guerra contra los árabes. El término de
Manzanares constituyó una de las más importantes
encomiendas de la Orden de Calatrava, cuyo
titular o Comendador residía en el castillo y
administraba las rentas de la Orden de su
término. El antiguo poblamiento, según algunas
fuentes, fue reconquistado por Martín Martínez,
quinto maestre de la Orden de Calatrava, a
principios del año 1198, edificándose a partir
de entonces el castillo y en 1299 se erigió y
pobló la villa junto a éste. Más tarde, en torno
a 1352 se amuralló por orden del maestre Don
Juan Núñez de Prado, obra que fue realizada por
sus habitantes en cinco años, a cambio de la
condonación a la villa de ciertos impuestos.
El Manzanares calatravo se afianzó en la fuerza
de la espada y la persecución de la cruz guiadas
en el siglo XIII por los nobles vascones de la
Casa Sagasti-Manzanares, que acompañaron al
navarro abad Raimundo de Fítero en su visionario
recorrido por La Mancha. Allí fundaron villas y
pueblos a la sombra de la poderosa Orden
religiosa y militar.
Existe, desde entonces, el Manzanares
medieval del Castillo de Pilas Bonas, hasta
hace poco tiempo arrullado entre construcciones
sin alma, oculto al paso de los siglos como
queriendo guardar el embrujo de sus viejas
historias. Historias de una verdad oscura, de
guerras civiles, de hermanastros enfrentados a
muerte o de la victoria de los Trastámara.
Actualmente recuperado con majestuosidad como
símbolo de una vieja ciudad que rememora su
legado más antiguo.
Está, al fin y al cabo, el Manzanares fiel al
emperador Carlos V. Un Manzanares de capa y
jubón que se enfrentó a los comuneros, a los
lejanos mercaderes de lana y del vellón y que
dejó para la posteridad indeleble el título de
"Leal Villa". "El Comendador D. Rodrigo Manrique
en 1519 con motivo de la guerra y levantamientos
de las Comunidades hizo restaurar el castillo,
limpiar sus fosos, poniendo en pie de guerra
todos los hombres útiles de la población y
aliándose a las villas de Villarrubia y Daimiel
se aprestó a la defensa de los derechos del Rey.
Desde esta fecha, dice el Sr. Peñalosa, comenzó
a llamarse la Leal Villa de Manzanares". Aún se
dibuja en el tiempo el Manzanares mestizo, aquel
que llegó a tener una de las morerías más
populosas de todo el Campo de Calatrava. En el
año de 1624 pasó por la villa el rey Felipe IV,
de camino a Andalucía, lo que dio origen a que
el escritor Francisco de Quevedo, que integraba
el séquito real, enviara una carta a su amigo el
Comendador, el Marqués de Velada, en la que,
entre otras cosas, relataba: "...a ruego de los
regidores de Manzanares, por consolar aquellos a
sus vasallos, pasó su Majestad por su encomienda
de V. Merced, y a todos pareció muy buen lugar".
Y ésta el Manzanares decimonónico,
heroico contra el francés, como recuerda el
historiador manzanareño José Antonio García
Noblejas, ardiente de fuego y de rabia contra
los cañones de un imperio invasor, contra los
sables y las chatarreras de los dragones
bigotudos. Un Manzanares que guiado por la
audacia luminosa del párroco Pedro Álvarez de
Sotomayor, bajo la protección de Nuestro Padre
Jesús del Perdón, consiguió evitar la
aniquilación del general Sebastiani y que, más
tarde, despertó la admiración del general
Castaños por su contribución a los sucesos de
Bailén. Precisamente, por la participación de
los manzanareños en esta batalla volvió a ser
reconocida la población, mucho antes que la
vecina Valdepeñas, con títulos honoríficos, en
este caso, el de Ciudad Fidelísima.
Y queda memoria del Manzanares que fue testigo
del paso de O´Donell y Cánovas del Castillo,
de la firma y pronunciamiento del manifiesto que
abrió las puertas del triunfo a la Vicalvarada,
la revolución que en 1854 intentó reinstaurar el
progresismo en España.
Diversas fuentes hablan del gran crecimiento de
Manzanares durante la Edad Media, paralelo a la
importancia concedida por la Orden de Calatrava,
pese a lo cual en el Siglo XVII se dejó sentir
el tremendo efecto de la peste que hizo perecer
a gran parte de la población.