La historia de Villavaliente está íntimamente ligada a la
historia de Jorquera, porque desde los orígenes como casa de labor, hace
ahora unos 500 años, hasta 1927, ha estado bajo la tutela de Jorquera.
LOS CUCOS
Utilizando la técnica de la piedra seca, se han
construido una amplia gama de refugios y albergues temporales conocidos con
diferentes nombres según zonas (cucos, bombos, chozos, etc). Estas
construcciones tienen gran valor etnológico e histórico. Son una respuesta a
la necesidad de refugio para hombres y animales, y nos hablan de la manera
de trabajar y subsistir de sus gentes.
No es una arquitectura monumental y a veces se considera de segunda fila,
pero representa el trabajo y el esfuerzo realizado para sobrevivir. Por eso
debe hacerse todo lo posible para conservarlas. La provincia de Albacete
cuenta con un amplio conjunto de ejemplares que podemos encontrar desde
Villarrobledo al oeste hasta la parte más oriental de Alatoz.
Estas construcciones nacieron a partir del Neolítico, cuando las comunidades
humanas dejan de ser exclusivamente cazadoras y relolectoras y se convierten
en agricultores y ganaderos con la necesidad de asentarse en un determinado
lugar para desarrollar sus actividades encaminadas a obtener los recursos
necesarios que aseguren la subsistencia. Una vez proyectadas, se han
reproducido en el transcurso de los siglos como soluciones definitivas.
Se suelen construir sobre partidas rurales alejadas de los núcleos habitados
y, normalmente, coincidiendo con épocas de expansión económica o ligadas a
la generalización del monocultivo. El por qué de los cucos está ligado a
actividades como la agricultura y la ganadería. El agricultor limpiaba el
campo de piedras para mejorarlo y las depositaba en las lindes. De ahí la
utilización de la piedra como material de construcción. Utilizan este
material, sin más recursos que la propia piedra y una gran habilidad.
Estas construcciones están hechas con técnicas muy primitivas. Casi todas
son de forma circular, construidas con piedras encajadas en seco sin
utilizar ninguna clase de material de unión o cubiertas con una falsa bóveda
realizada por aproximación de hileras de piedra.
Los bloques se aglutinan por su propio peso, recurriendo al perfecto anclado
de cada pieza inmovilizándolas por medio de cuñas. Es una antigua tradición
que afortunadamente ha pervivido a lo largo de los siglos.
Las utilidades de estas construcciones son diversas. Servían como refugio
para agricultores y ganaderos, como pesebres para las bestias, para cubrir
un pozo e incluso, a veces, se les adosaba un corral para el ganado mientras
que el interior se dedicaba al hogar y a los camastros.
A menudo, los lienzos murales de piedra seca se blanqueaban con cal. Era una
medida higiénica relacionada con su utilización estacional, para evitar la
presencia de insectos entre las juntas abiertas de las piedras.
LOS POZOS
En la comarca manchega, de vez en cuando, se ven aparecer los famosos y
variados pozos, unas veces junto a casillas, otras junto a los cucos,
caminos, rastrojos,... También en las casas particulares había, y sigue
habiendo, pozos (muchos de ellos ya tapados o, cuando menos en desuso). Los
pozos eran construidos por hombres llamados poceros. A base de pico y pala
se empezaban desde la superficie de la tierra hacia abajo de forma
cilíndrica. Cavaban y sacaban la tierra hasta llegar a los veneros del rico
elemento si se trataba de un pozo manantial o bien se le daba la profundidad
deseada cuando se trataba de pozos que recogían el agua de lluvia. En este
segundo caso el fondo del pozo era mucho más ancho que el cuello. A ras de
suelo, se construía artesanalmente el brocal, bien a base de piedra de
sillería o con piedras unidas con cal y arena y a veces solamente barro.
Sobre el brocal, unas veces cubierto y otras no, se pondría en el lugar
correspondiente una traviesa o soporte, del cual pendiera la garrucha,
deslizándose sobre ella la cuerda acompañada bien de un cubo de goma o cinc.
A simple vista son pequeñas e insignes construcciones, pero los antiguos
saben y tienen muy claro el bien que han realizado a personas, animales y
plantas. Bien lo saben los pastores, caminantes, agricultores, carreteros,
muleros, guardas, cazadores, etc. y un sin fin de personas más, que al
llegar y servirse de ellos, han saciado su sed y refrescado el gaznate.
En Villavaliente hay todavía un buen número de este tipo de construcciones
que aún se pueden ver. A continuación una galería de fotos con unos buenos
ejemplos de construcción en piedra seca (cucos, bombos, pozos) diseminados
por todo el término municipal