El municipio, en época
medieval, tenía infinidad de núcleos
poblacionales distando poco entre sí. Los más
importantes eran la aldea de Sotuélamos, San
Miguel de Susaña y Santa Catalina. Éstas, a
caballo entre los siglos XII y XIII, se unieron
en Cerro Bueno formando lo que hoy es El
Bonillo, en el sitio donde se encontraba una
pequeña iglesia de estilo gótico. Ya formado el
pueblo, y absorbiendo a las gentes de los
alrededores, El Bonillo pertenecía a la
jurisdicción de Alcaraz.
Cuando en 1475 la ciudad de Alcaraz se revela
contra el Marqués de Villena, poniéndose de
parte de los Reyes Católicos, los habitantes de
El Bonillo se alzaron también en armas y
solicitaron la ayuda de los alcaraceños que
enviaron sus tropas.
Entre 1532 y 1534, la emperatriz Isabel le
concede autonomía para sentenciar sus causas
civiles y también la propiedad de la Dehesa
Nueva. Posteriormente el Emperador Carlos I de
España y V de Alemania le concede el título de
Villa por una carta privilegio el 12 de febrero
de 1538, que 28 años después, en otro documento,
sería ratificada por su hijo Felipe II. En ambos
documentos aparecen escudos diferentes.
Paseando por sus calles encontramos una muestra
de la arquitectura rural con sus fachadas
adornadas con rejería artesana tradicional. A su
vez disfrutaremos de los aromas de la
gastronomía manchega, en la que tienen mucha
presencia productos de caza como la liebre, el
conejo y la perdiz.