La Sierra de Atapuerca es
un pequeño conjunto montañoso situado al norte de
Ibeas de Juarros, en la provincia de Burgos
(Castilla y León, España), que se extiende de
noroeste a sudeste, entre los sistemas montañosos de
la Cordillera Cantábrica y el Sistema Ibérico.
Ha sido declarado Espacio de Interés Natural, Bien
de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad
como consecuencia de los excepcionales hallazgos
arqueológicos y paleontológicos que alberga en su
interior, entre los cuáles destacan los testimonios
fósiles de, al menos, tres especies distintas de
homínidos: Homo antecessor, Homo heidelbergensis y
Homo sapiens.
Está limitada por el río Arlanzón al sur, río Vera
al norte y la sierra de la Demanda, estribación del
Sistema Ibérico, al este.
Forma parte del denominado corredor de la
Bureba,
importante e histórico paso entre el valle del Ebro
y la cuenca del Duero. Desde el punto de vista
orográfico es una formación modesta, con una cota
máxima de 1.079 metros sobre el nivel del mar en la
Cumbre de San Vicente.
Está formada por calizas cretácicas cubiertas por
importantes masas de encinares, quejigales y, sobre
todo, monte bajo de aulaga, romero, espliego,
tomillo y salvia.
El paso de la Bureba ha sido utilizado a lo largo de
toda su existencia como paso principal hacia el
interior de la península Ibérica desde Europa. Como
ya se ha indicado, une el valle del Ebro, vertiente
mediterránea, con el valle del Duero, vertiente
Atlántica, a la vez que se sitúa en la ruta, que
proveniente de los pasos pirenaicos se dirigen hacía
los demás lugares peninsulares, bien hacía el oeste
(Galicia y Portugal) como hacia el sur (la meseta
castellana, Andalucía, Extremadura, sur de Portugal
y África).
Una de las principales calzadas romanas
pasaba por aquí al igual que el Camino de Santiago
en la Edad Media, la carretera principal N-I a
finales del siglo XIX y, hoy día, la autopista AP-1.
No sólo ha sido el ser humano, en cualquiera de sus
especies, quien lo ha utilizado: la fauna y
la flora también lo han elegido en sus
expansiones. Esto ha dado lugar a una importante
presencia de fauna y flora diversa y a la ocupación
humana continuada desde hace más de 800.000 años,
ayudada por la fertilidad de las tierras y la
abundancia de recursos.
Este complejo arqueológico está declarado
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (2000)
y ha recibido el Premio Príncipe de Asturias
de Investigación Científica y Técnica (1997).